Los límites éticos de la libertad de expresión

A propósito de Charly Hebdo, periodistas hablan sobre los límites éticos del humor y la sátira en el periodismo.

Por: J. Garrido, J. Guzmán Dotto y Dandy Parihuaman

Cuando en 2015 el semanario satírico francés Charlie Hebdo sufrió el atentado por parte de la red terrorista Al Qaeda, se consideró el hecho como un ataque a la libertad de expresión. El mismo año, sin embargo, la revista fue duramente criticada por satirizar las imágenes del refugiado sirio de tres años que murió ahogado cerca de Turquía; y un año después por ironizar sobre las víctimas de un terremoto en Amatrice, Italia. Por la notoriedad de la publicación, se abrió un debate sobre si existen límites éticos en la sátira y el humor, y sobre el grado de responsabilidad con el que se debe manejar el humor en el periodismo.

“No tendrían que existir límites, los medios deberían ser absolutamente libres de censura y cada lector debería consumirlos según quiera o no hacerlo”, opinó Horacio Altuna, famoso historietista argentino. El autor de El Loco Chávez y Las puertitas del Sr. López dijo además que los límites no dependen sólo del autor, sino también del medio para el cual trabaja que los define según sus intereses. Altuna puso como ejemplo de censura moderna el tener que atenerse a lo políticamente correcto y cerró: “Pienso que se debería hacer humor sobre cualquier tema”.

Mariano Lucano, fundador y codirector de Revista Barcelona, por su parte, defiende “el humor en contra, que critica siempre”, indicando que: “A nosotros no nos preocupa ofender al lector. Por el contrario, nosotros pensamos en ofenderlo. No se puede hacer humor sin ofender, sin agredir”. Lucano, sin embargo, también indicó que Barcelona puede permitirse esto porque se conoce que usa la hipérbole como parte de un estilo paródico, y que se plantean como límite siempre usar el chiste como vehículo para presentar un mensaje: “Si no es ofender por ofender, si se ofende por algo más, entonces eso justifica los medios”.

El periodista y autor del libro “Humor, nacimiento, auge y caída de la revista que superó apenas la mediocridad general”, Diego Igal, cree que el terreno de los límites es “difuso y subjetivo” y puso énfasis en los límites autoimpuestos: “Me parece que en la sátira y el humor los límites tienen que ser autorregulables. Tiene que ver con el buen gusto, dependen de cada autor y de la forma en que esté manejado el tema”. El autor dijo también que un posible límite es, sencillamente, que alguien se sienta ofendido e indicó que algunos humoristas prefieren evitar temas específicos.

Finalmente, Igal dijo que en su opinión “es complicado crear una regulación para el humor y sería contraproducente”, considerando que intentos de control externo “son censura”. Como ejemplo, el autor explicó que las demandas que tuvo la revista Humor fue de gente “tan disímil como militares, Marcelo Tinelli y Florencia Peña”, y que el único problema grave que tuvo fue cuando hicieron chistes sobre el Holocausto. Pero respecto a los controles externos, Igal se mostró firme: “No puede haber alguien o algo que lo limite o que diga que se puede publicar y que no”.

El escritor y político ecuatoriano Raúl Vallejo, en su artículo Los límites éticos del humor, escribió opiniones similares a las de Igal: “los caricaturistas de los diarios, por lo menos en Latinoamérica, suelen concentrarse en la coyuntura y, mientras caricaturicen al político de turno del que, por lo general, el dueño del diario es opositor, todo marcha bien. Ese tipo de humor, en la práctica, es incapaz de criticar a los poderes fácticos: el mismo poder del que hacen gala los medios de comunicación; o el de los grupos empresariales que pretenden imponer posiciones monopólicas; o el de la Iglesia institucional”.

La discusión persiste, con nuevos casos a analizar surgiendo en cada momento. Hay ahora un pedido para que se despida al satirista estadounidense Stephen Colbert como anfitrión del programa The Late Show, que maneja desde hace dos años. El motivo es que Colbert, en medio de una invectiva contra el presidente Donald Trump, dijo que “para lo único que sirve su boca es como funda para el pene de Vladimir Putin”. Se acusa al comediante de homofóbico, el que hayan surgido las críticas tras atacar a una figura como Trump da lugar a pensar que a la hora de poner límites juega más que sólo la ética.

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  • SantiagoDelSel SantiagoDelSel 9 Junio 2017 18:57

    Stephen Colbert es lo mejor que me pasó. Veo todos sus programas para "enterarme" y reirme de las últimas de Trump!